Un "reino dividido"
Miércoles 23 de enero de 2008
El sonado litigio judicial entre el Arzobispado de Lima y la Pontificia Universidad Católica de Perú-PUCP se centra en la interpretación de la voluntad testamentaria del Dr. José de la Riva-Agüero y Osma.En 1944 aquel distinguido intelectual católico dejó a la PUCP un apreciable legado patrimonial que comprendía, además de la magnífica casa solariega del Jr. Camaná, el Fundo Pando, en San Miguel, donde hoy se asienta el campus de la Universidad. Las demás zonas de este extenso predio fueron lotizadas y urbanizadas desde los años 60, y un sector del mismo fue destinado para área de establecimientos comerciales, que hoy proveen a la PUCP de considerables rentas.
El motivo de esta generosidad radicaba en la propia razón de ser de la Universidad Católica, nacida como reacción al laicismo agresivo y al positivismo antirreligioso que imperaban en los medios intelectuales peruanos de las primeras décadas del siglo XX. El R.P. Jorge Dintilhac, fundador de la Universidad Católica, resumía así esa realidad: “Allá en 1916 parecía que la fé católica estuviera por desaparecer de las altas esferas sociales e intelectuales de Lima y del Perú. Los colegios religiosos que entonces existían trabajaban con muy escaso fruto, pues la mayoría de sus alumnos al poco tiempo de haber abandonado las aulas escolares se declaraban ateos, o por lo menos indiferentes en materia religiosa” (1). El Dr. Riva-Agüero, notable polemista católico, había experimentado en carne propia esta situación, impedido –precisamente por su militancia confesional– de ejercer la docencia en la Universidad de San Marcos, no obstante sus sobrados méritos académicos.
Superados los obstáculos de toda índole que siempre acompañan a las genuinas fundaciones cristianas, hacia los años 30 la nueva Universidad era ya un centro de irradiación de pensamiento católico, donde se aglutinaban profesores y alumnos en torno a una clara visión del mundo según la doctrina de la Iglesia. Fue así que al celebrar sus bodas de plata recibió del Papa Pío XII la distinción de “Pontificia".
En el litigio en curso la parte eclesiástica argumenta que desde 1994 la PUCP no cumple una cláusula testamentaria del Dr. Riva-Agüero, según la cual un representante de la Iglesia debe hacer parte en forma “perpetua e insustituible” de la Junta Administradora de ese legado(2). La dirección de la Universidad, a su vez, aduce que la administración del mismo se hace en plena conformidad al testamento del ilustre donante(3).
Para el observador común resulta insólito y hasta inexplicable que se enfrenten en la Justicia civil dos instituciones católicas, las cuales normalmente deberían relacionarse en ejemplar armonía. Sobre todo porque a medida que el asunto tomó estado público, la discusión subió de tono hasta saltar a temas totalmente ajenos al pleito administrativo, levantados por partidarios del statu quo como recurso extremo para desmerecer las razones del Arzobispado. Con eso, la polarización de opiniones se hizo tan drástica y virulenta, que se llegó al extremo de que las autoridades de la PUCP perdiesen los papeles y publicasen una declaración cargada de inexactitudes malevolentes (y hasta insultantes) contra una de las autoridades eclesiásticas concernidas, el Obispo de Chiclayo(4).Mientras la mayoría de los alumnos permanecían en una indiferente expectación, grupúsculos pertenecientes a los Centros Federados se movilizaban ruidosamente contra supuestas “amenazas” a la autonomía universitaria y hasta a la “orientación sexual” de algunos catedráticos (?), y lanzaban slogans groseramente ultrajantes al Cardenal Arzobispo de Lima –quien es también Gran Canciller de la PUCP–, bajo la complaciente tolerancia de las autoridades universitarias(5).
¿Por qué, en ese debate tan apasionado y de consecuencias todavía imprevisibles, los elementos extrajurídicos tomaron así la delantera sobre los específicamente legales, motivo de la controversia? –Es que un factor ideológico –y por eso, susceptible de determinar adhesiones y rechazos extremados– sirvió de combustible para atizar la polarización. Analizando los argumentos de quienes se oponen a la participación arzobispal en la Junta Administradora de la PUCP, queda claro que lo hacen a favor de una concepción a-confesional, igualitaria y relativista de Universidad, opuesta per diametrum a la verdadera concepción de lo que es y debe ser una Universidad Católica.
La naturaleza, identidad y misión de las Universidades Católicas ha sido definida por el Papa Juan Pablo II en la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesia, del 15-8-1990. Allí el Pontífice dejó meridianamente claro que una Universidad Católica debe ser ante todo... ¡¡católica!!, y debe para ello reunir cuatro “características esenciales”: 1) la “inspiración cristiana” de toda la comunidad universitaria; 2) “una reflexión continua a la luz de la fe católica”; 3) “fidelidad” a la doctrina de Iglesia; y 4) un “esfuerzo institucional” al servicio de la Iglesia y de toda la humanidad, en función del objetivo trascendente de la fe(6).
Lo que va de ayer a hoy...
Hoy: En mayo del 2006, la directiva de la PUCP homenajea al Dalai Lama, presentado como adalid de la paz mundial, pero que es jefe de una secta esotérica y ocultista asiática, el lamaísmo, que rinde culto a una multitud de “demonios protectores”, a los que incluso se ofrendan sacrificios humanos. A pesar de eso, los directivos llevan un símbolo religioso lamaísta.
Ejemplo palpable de la evolución de la PUCP hacia la lamentable dilución de su identidad católica.
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Y son precisamente estos puntos –su identidad y misión católicas– los que lamentablemente en las últimas décadas se han ido desdibujando en la PUCP, hasta el punto de que hoy en día su fisonomía se contradice con la del catolicismo en muchos aspectos, lo que no puede dejar de causar justa preocupación a la autoridad eclesiástica. Si bien en muchos ámbitos la PUCP ha alcanzado apreciables y reconocidos niveles de calidad (en lo que las universidades católicas siempre han descollado), lo mismo no puede decirse de este aspecto fundamental. Su adecuación a las directrices de la Constitución Apostólica de 1990 todavía no se materializa. Y más bien, en nombre de una supuesta “libertad académica” y “pluralismo” campean en ella las ideas más contradictorias con la verdadera doctrina de la Iglesia, sustentadas en sofismas como el de que la PUCP “fue fundada como católica, y por católica, plural” (?)(7). ¡O sea, porque es católica, debe acoger y difundir ideas anticatólicas! ¿Qué especie de “catolicismo” es éste? Como botones de muestra, baste ver ciertos títulos que publica el Fondo Editorial de la PUCP, o hechos tales como el ofrecer un Diploma de “Estudios de Género”, ideología opuesta a la noción católica de la familia –además de promotora del aborto y la homosexualidad – cuyas raíces doctrinales anticristianas han sido señaladas en diversos estudios, y sobre la cual la Iglesia ha denunciado sus falacias y peligros(8). Es justamente bajo el prisma de esta “ideología de género” que se dictan en la PUCP las cátedras de Derecho de Familia y Filosofía del Derecho y se abordan –a cargo de profesores como Rocío Villanueva, ligada a grupos feministas radicales y especialista en “derechos sexuales y reproductivos”, que hacen parte de la agenda neomarxista demoledora de la familia– tópicos fundamentales como matrimonio, familia, paternidad, divorcio, adopción, etc, con los riesgos que esto acarrea para jóvenes estudiantes que más adelante aplicarán sus conocimientos en casos reales de familias peruanas(9). Mención aparte merecen los honores tributados –como invitado oficial a dictar una conferencia en el Coliseo Polideportivo de la Universidad– al Dalai Lama, personaje que se presenta como predicador de la paz, pero en realidad es jefe del lamaísmo, una secta esotérica y ocultista asiática, que rinde culto a una multitud de “demonios protectores”, a los que incluso se ofrendan sacrificios humanos, sin excluir prácticas de canibalismo(10), además de estar vinculada al nazismo(11).
En materia de tendencias y costumbres, sobreabundan en la Católica las manifestaciones de revolución cultural, inmoralidad y amoralidad extremas, como festivales de cine(12), teatro(13) y “arte” revolucionario y hasta blasfemo(14); escandalosas “encerronas”, “pre-encerronas” y sketches en las que profesores y alumnos de ambos sexos se entregan a excesos de todo tipo, haciendo escarnio y burla de personas y doctrinas de la Iglesia. Y no podía faltar el descaro insolente de una autodenominada “Red universitaria de gays y lesbianas de la PUC (GPUC)” (!!!), etc. etc.
En medio de esta atmósfera de irreligiosidad y relativismo moral a nadie puede sorprender el surgimiento de grupos protestantes como una “Comunidad Bíblica Universitaria – PUCP”, que se reúnen y hacen proselitismo como si se hallaran en cualquier ambiente laico.
Uno de los últimos "bastiones de los cristianos de izquierda" Puede decirse así que la Universidad Católica es un “reino dividido” o “casa dividida”; y ya predijo Nuestro Señor cómo terminan tales situaciones (cfr. Mt. 12, 25). Los estados contradictorios no son estáticos, sino dinámicos, y al acentuarse conducen inevitablemente a la decadencia y ruina de la institución afectada, en lo que ésta tiene de más esencial. Y la contradicción a que aludimos es hoy tan notoria, que hasta quienes defienden esa situación malsana en la PUCP son conscientes de que esta tomó un “carácter laico”, que en su seno medran “corrientes dominantes” a-católicas, y que “la universidad, en este juicio, contradice su denominación Pontificia” (15).
Así se comprende porqué toda la izquierda se alarmó tanto con el reclamo judicial del Arzobispado limeño. Un marxista residual afirma que la intención de ese reclamo es “terminar de liquidar la teología de la liberación” porque, según él, la PUCP es “uno de los bastiones de los cristianos de izquierda” que aún sobreviven(16). De hecho, los principales exponentes de la actual intelligentsia izquierdista peruana son oriundos de la PUCP(17). Por el fruto se conoce el árbol...

Quienes agitan el fantasma de una eventual intervención arzobispal en los asuntos académicos de la PUCP, que redundaría –dicen ellos– en el fin del “pluralismo” y en la implantación de un “pensamiento único”, no reparan que esta situación ya se da actualmente en dicha casa de estudios, pero en un sentido diametralmente opuesto al de su esencia católica. Basta revisar los contenidos y bibliografía de cualquier syllabus de la PUCP para constatar hasta qué punto prepondera allí la doctrina marxista en sus diversas versiones –de las más crudas a las más elaboradas y sutiles–, todas con el mismo fondo ateo y materialista. Así, el curso de Teología impartido en Estudios Generales no es otra cosa que una exposición de la tristemente célebre Teología de la Liberación, que –como lo recordó el Papa Bendicto XVI en su reciente viaje a Brasil– colisiona de frente con la ortodoxia católica. Resulta sintomático a este respecto que la Apertura del Año Académico 2007 de Estudios Generales Letras tuviera como invitado oficial al revolucionario P. Gustavo Gutiérrez, principal exponente de esta corriente(18).
Y aquí llegamos al fondo del asunto. El alarido contra la imaginaria “campaña” arzobispal anti-PUCP no es otra cosa que el reconocimiento, por parte de personas ajenas u hostiles al catolicismo, de una realidad que todo el mundo veía pero de la cual nadie se atrevía a hablar: la Universidad Católica sufre una severa crisis de identidad, infectada de relativismo e ideologías adversas a las enseñanzas de la Iglesia.

Fue necesario que algunos, como en el famoso cuento, gritasen “¡El rey está desnudo!” para que se rompiera el hechizo de silencios cómplices y encubrimientos dolosos, y esta situación malsana quedase al descubierto sin disimulos.
Cabrá ahora a los historiadores serios elucidar cómo fue que, bajo la pantalla de "católica" y "pontificia", pudo realizarse desde la PUCP, en la segunda mitad del siglo XX, ese verdadero trasbordo ideológico revolucionario de tantos miembros de la élite intelectual, cultural y política peruana, que los convirtió en agentes de la dictadura socialista de 1968-1980 y de todas las catástrofes que le sucedieron en el terreno sociopolítico, ante los ojos de esfinge de ciertas autoridades eclesiásticas...
Así las cosas, cuando la controversia sobre el caso estaba más encendida, como obedeciendo a una misteriosa consigna toda la algarabía izquierdista cesó de repente. Se diría que los partidarios de una mal entendida “autonomía” de la Católica –que en el fondo significa dejar de ser católica– se percataron de que habían ido demasiado lejos, al haber levantado un problema de identidad en el cual todo el mundo percibe que la razón está con la Iglesia. Y prefieren continuar minando la esencia católica de la Universidad como lo han hecho hasta ahora: silenciosa y solapadamente, por la vía de hechos consumados. Sin embargo, la opinión pública ha quedado de sobreaviso, y el debate abierto puede ser el primer paso para que la PUCP recupere su amortecida identidad católica.
Notas: 1 Jorge Dintilhac, SSCC., Cómo nació y se desarrolló la Universidad Católica del Perú: 30 años de vida (1917–1946), Lima, 1946, p. 5.
2 Ver al respecto Juan Vicente Ugarte del Pino, La ex-PUC y el testamento de Riva-Agüero, “Expreso”, 21-5-07.
3 Para quien desee más alcances sobre el tema judicial los testamentos pueden ser consultados en los Registros Públicos de Lima, Título Archivado Nº 2897 del 20 de diciembre de 1946. 4 Ver al respecto:
http://www.pucp.edu.pe/noticias_pucp/ ... &id=1388&Itemid=1 http://www.bcasas.org.pe/prensa/2007/ ... spaldo-de-cep-a-cipriani/
5 No reproducimos los insultos y blasfemias contra el Primado del Perú, pero todos pueden apreciar la virulencia de los ataques sectarios de estos autodenominados “tolerantes” en:
http://www.youtube.com/watch?v=ooky_e ... p;mode=related&search=http://www.youtube.com/watch?v=tE1tAp ... p;mode=related&search=http://www.youtube.com/watch?v=oL6nP7 ... p;mode=related&search=
6 Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre las Universidades Católicas, Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial 2000, pág. 18.
7 Ver opinión de P. Patrón. En: “Domingo”, suplemento de “La República”, 1-4-2007.
8 Ver por ejemplo Philip Davis, Goddess Unmasked - The Rise of Neopagan Feminist Spirituality; Spence Publishing Company, Dallas, 1998; Phyllis Schlafly,. Feminist Fantasies, Spence Publishing Company, 2003; Carrie Lukas,Politically Incorrect Guide to Women, Sex and Feminism, Regnery Publishing, Inc, 2006; Dale O’Leary, The Gender Agenda: Redefining Equality, Vital Issues Press, 1997; entre otros.
9 Es el caso de las catedráticas Violeta Bermúdez Valdivia, ligada a la ONG feminsta “Manuela Ramos” y a la organización abortista CLADEM, quien tiene a su cargo el curso Derecho de Familia; o Marisol Fernández Revoredo, quien dicta el curso “Género y Derecho”, y ha estado vinculada a la ONG feminista DEMUS. 10 Cfr. “Punto Edu”, Año 2 Nº 44 .Del 15 al 21 de mayo del 2006. Ver también http://www.foros.gob.mx/read.php?3,87835,108326. 11 Ver por ejemplo Gabriel Pardo, El gran amigo chileno del Dalai Lama, “El Mercurio”, Santiago de Chile,7-05-2006; http://www.trimondi.de/spanisch/hisarkis.htm
12 A este respecto el Centro Cultural de la PUCP exhibe films etiquetados como “culturales” que ni los cines comerciales muestran, debido a la carga de obscenidad y perversiones sexuales que contienen; como las películas “La pianista” de la izquierdista y feminista radical Elfriede Jelinek; Vera Drake , que hace apología del aborto, o la nefanda No se lo digas a nadie, promotora del vicio sodomítico.
13 Por ejemplo, la representación de obra anticatólica Galileo Galilei del escritor comunista Bertolt Brecht, a pesar del pedido expreso en contrario de las autoridades eclesiásticas peruanas.
14 Resulta inexplicable que en la Biblioteca de la Universidad se hallen a disposición de los estudiantes no sólo obras carentes de cualquier mérito literario o académico, sino además impregnadas de contenido anticristiano. Hay nada menos que seis ejemplares de la novela anticatólica El nombre de la Rosa y otro tanto del igualmente anticatólico El Código Da Vinci; cuatro del El evangelio según Jesucristo, del comunista José Saramago, etc, al lado de obras esotéricas, ocultistas, pseudomísticas o difusoras del pensamiento gnóstico Nueva Era.
15 Fernando Vivas, Que se quite la P, “El Comercio” 29-3-07.
16 Antonio Zapata, La Universidad Católica en pugna, “La República”, 28-3-2007.
17 Ver datos bien elucidativos al respecto en Alfredo Garland Barrón, Como lobos rapaces – Perú: ¿una iglesia infiltrada?, Ed. Servicio de Análisis Pastoral e Informativo, Lima, 1978, pp. 104-105, 137,141, 145 ss.
18 En: “Punto Edu” Año 3 Nº 76, 30 de abril al 6 de mayo del 2007.