AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES
Plinio Corrêa de Oliveira
Lunes 27 de julio de 2009
Estando en Padua, en Italia, visité la famosa Basílica de San Antonio.
Y recuerdo que vi, en una columna de su interior, el cuadro de un fraile
franciscano pujante, fuerte - tal vez hasta tendiente a lo obeso -
con fisionomía seria. La posición de su mano era la de quien enseña.
Le pregunté a uno de los encargados de atender a los fieles: "¿De quién es aquel cuadro?" La respuesta fue: "Bien, este cuadro es la pintura más antigua que se conserva de San Antonio de Padua, al que algunos llaman San Antonio de Lisboa". Parece haber sido pintado por Giotto, o por alguno de sus discípulos. Es lo que hay de más próximo, históricamente, de la fisonomia del Santo.
Me dirigí a la sacristía, donde había una extensa fila de peregrinos comprando rosarios y objetos de piedad de toda especie. En un box se vendían copias de ese cuadro; y en otro pequeño box, estampitas impresas en nuestros días, del mismo Santo. Adquirí la copia del cuadro y también una de las estampitas, para comparar las dos representaciones del famoso Santo franciscano.
La estampita presentaba un San Antonio sonrosadito, cuya fisonomía ostentaba
una musculatura que parecía jamás haber estado tensa, ya sea por el
dolor, sea por la indignación, sea por la preocupación o el riesgo,
o aún por el esfuerzo.
Casi imberbe, el rostro aparentaba ser de porcelana,
con labios que nunca dijeron nada. Ellos apenas se abrirían para ingerir
una papilla cualquiera... Los ojos fijaban sin atención algo delante
de sí, que realmente no merecía atención. ¡Figura de uma insipidez
sin nombre! Pero era la tal estampita la que se vendía en cantidad...
Las fotografías del auténtico cuadro del Santo, sin embargo, eran poco adquiridas por el público. Esa desproporción me causó profunda impresión.
Reunido más tarde con amigos, analizamos y comparamos las dos ilustraciones.
Se consolidó en nuestro espíritu la tesis de que hay una velada
escuela espiritual que procura deformar la piedad católica, según
un modelo edulcorado y sentimental, del cual la estampita de San Antonio
era un ejemplo arquetípico.
(*) Extractos de la conferencia pronunciada por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira para socios y cooperadores de la TFP brasileña el 21 de mayo de 1983. Sin revisión del autor