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Ante la elección de un nuevo arzobispo para Lima

Preocupación

por Julio Loredo de Izcue

Lunes 11 de febrero de 2019

El nombramiento del padre Carlos Castillo Mattasoglio como futuro arzobispo de Lima, sucediendo al cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, ha sido una verdadera sorpresa, llena de esperanza para algunos, cargada de preocupación para otros.

Como católico, apostólico y romano, mi primera reacción ante la designación del nuevo arzobispo de Lima es rezar a Dios Nuestro Señor, por intermedio de María Santísima, pidiéndole que ilumine al futuro Mons. Castillo en la difícil misión de guiar la sede limense. Al mismo tiempo, no puedo dejar de compartir la preocupación de tantos compatriotas, planteándome algunas preguntas, con serenidad y con Fe.

Sorprende que un simple sacerdote —por lo demás desconocido fuera de ciertos ambientes académicos progresistas— haya sido catapultado al más alto cargo eclesiástico en nuestra Patria, el de Arzobispo Metropolitano de Lima y Primado del Perú, saltando por encima de decenas de obispos y arzobispos diocesanos que, según la praxis multisecular de la Iglesia, y debido a la experiencia pastoral ya adquirida, serían los candidatos naturales a esta sede.

Sorprende además que una persona que hasta ayer era vista con desconfianza por parte de la autoridad eclesiástica —como miembro de aquella corriente al interno de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), censurada por el Papa Benedicto XVI en 2012 por causa de posiciones doctrinales divergentes con el Magisterio de la Iglesia y por actitudes rebeldes frente a la Jerarquía— se convierta en maestro del Magisterio que impugnaba, y en cabeza de la Jerarquía que contestaba.

El nombramiento del padre Castillo encaja plenamente en aquello que el propio Papa Francisco ha definido como “un cambio de paradigma” que inspire una “audaz revolución cultural”. En otras palabras, una ruptura radical con los usos de la Iglesia en campo pastoral, e incluso doctrinal [1].

Con finura, el cardenal Cipriani ha minimizado el impacto del nombramiento: “Sería empequeñecer una decisión tan bonita del Papa queriéndola reducir a peleítas de barrio. La Iglesia es el cuerpo de Cristo. La dimensión que tiene este nombramiento es mucho más profunda”.

La actitud del purpurado es de suyo comprensible. Quiere preservar el bien de la Iglesia por encima de todo. De hecho, la Iglesia tiene dos mil años de historia y la promesa divina de la indefectibilidad. No va a ser un nombramiento episcopal que la va a hacer descarrilar. Eso no quita, sin embargo, que las aprensiones de la mayoría de los peruanos sean justificadas.

Fantasmas del pasado

Desde 1968 hasta 1980 el Perú estuvo en las garras de la dictadura socialista del Gral. Juan Velasco Alvarado, sucedido por el Gral. Francisco Morales Bermúdez, que dejó al país postrado económica y políticamente, y sobre todo psicológicamente.

Además de las varias izquierdas comunistas y socialistas, la revolución velasquista contó con el apoyo de un sector de la Iglesia. Grandes defensores de las reformas de la dictadura militar fueron, por ejemplo, el cardenal Juan Landázuri Ricketts, arzobispo de Lima; Mons. Luis Bambarén Gastelumendi, obispo de Chimbote; y Mons. José Dammert Bellido, obispo de Cajamarca. Ellos hacían parte de una corriente que tomó forma justo en esos años, la llamada “teología de la liberación”, lanzada en 1968 por el padre Gustavo Gutiérrez Merino, dicho sea de paso, gran amigo de Velasco Alvarado, con el cual se reunía a menudo. En un país mayoritariamente católico, el apoyo de la “teología de la liberación” al socialismo velasquista demostró ser mucho más decisivo que el de la izquierda política.

Momento en que Mons. Bambarén obsequia el antiguo báculo del cardenal Landázuri al futuro arzobispo de Lima, P. Carlos Castillo (foto:Mario Zapata, "El Comercio").

A partir de 1980, con mucho esfuerzo y sufrimiento, nuestro país se fue lentamente alzando de nuevo, hasta retomar el camino de la libertad y de la prosperidad que nos ha conducido a la actual situación, de la cual, no obstante obvios problemas, nos podemos declarar orgullosos. Desgraciadamente no faltan —quizás aprovechando que las nuevas generaciones no sufrieron en carne propia esa pesadilla— quienes proponen un retorno a viejas políticas socialistas, estatistas y populistas que parecían haber sido ya tragadas por la vorágine de la historia.

Entre los nostálgicos del socialismo en salsa criolla están algunos profesores de la Pontificia Universidad Católica del Perú. En 1990, con la Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae, Juan Pablo II enunció la línea que deberían seguir las universidades católicas. Los dirigentes de la PUCP no se amoldaron a dicha normativa, quedando por ende en estado de rebeldía. Esta alcanzó su auge en 2012, cuando la Secretaría de Estado de la Santa Sede se vio obligada a intervenir bajo el mandato de Benedicto XVI, revocando los títulos de “pontificia” y “católica”. También ese año, el cardenal Cipriani no renovó la licencia a los profesores para la enseñanza de Teología en la universidad rebelde, medida que alcanzó al padre Carlos Castillo, que en esa época dictaba la materia.

La Universidad Católica fue transformada en el reino de la confusión y la contradicción ideológica (portada de "El Comercio").

Todo esto cambió con la elección de Jorge Mario Bergoglio. Condenada formalmente por Juan Pablo II y por Benedicto XVI, la “teología de la liberación” comenzó a ser rehabilitada, dentro de una política que viene favoreciendo al socialismo latinoamericano. Los títulos de “pontificia” y “católica” le fueron restituidos a la PUCP, y a los profesores se les renovó las licencias.

Y hoy nos encontramos con uno de estos profesores de aquella universidad rebelde a la cabeza de la Iglesia en la más importante arquidiócesis del Perú. Verdaderamente un cambio de paradigma, para usar la expresión del Papa Francisco.

Un “laico comprometido”

Según él mismo declara en su autobiografía, Carlos Castillo militó siempre en la izquierda [2].

En 1966 entró en la JEC (Juventud Estudiantil Católica) y, poco después, en la UNEC (Unión de Estudiantes Católicos), que recogía los sectores más izquierdistas de la Acción Católica, y cuyo capellán era precisamente el padre Gustavo Gutiérrez. De la UNEC salió la Coordinación de Frentes Estudiantiles Social Cristianos, que se transformaría en la Izquierda Universitaria, y más tarde en el Comité Organizador Revolucionario, de orientación marxista [3].

Fue en este ambiente política e ideológicamente caldeado que Carlos Castillo se convirtió en discípulo de Gustavo Gutiérrez y seguidor de la “teología de la liberación”: “Desarrollaba mi identificación con la inquietud social, con una espiritualidad viva, encarnada e histórica, dinámica en el caminar de las vicisitudes humanas y sociales de nuestro pueblo. La Teología de la Liberación nacía al calor de nuestro compromiso cristiano” [4].

Egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudió Sociología en una facultad impregnada de pensamiento marxista, Castillo fue a trabajar con los mineros en Cerro de Pasco. En 1984 fue ordenado sacerdote por su mentor, el cardenal Juan Landázuri, teniendo como padrino al brasileño Luiz Alberto Gomes de Souza, exsecretario de la JUC (Juventude Universitária Católica), defensor de la izquierdización del laicado. De hecho, en 1961 un sector de la JUC fundó Ação Popular, que se convirtió en 1968 en Ação Popular Marxista Leninista. En 1972, la organización se disolvió fundiéndose con el Partido Comunista do Brasil [5].

Ideas poco claras sobre el “género”

También suscitan preocupación sus recientes declaraciones —de alcance poco claro— sobre el tema del “género”, punta de lanza de la revolución antifamilia. Ha dicho, por ejemplo, que cada persona tiene, por naturaleza, un sexo que no es optativo y debe ser respetado; es lo que enseña la Iglesia. Pero a la vez afirma que el varón tiene cromosomas "X" que entrañan una dimensión femenina que debe asumir. No nos queda claro como promoverá, en la práctica, la realización pastoral de esta idea suya. Asimismo señala que hay que rescatar las ideas buenas sobre el “género”, aplicando a ello el consejo de San Pablo: probar todo y quedarse con lo mejor [6].

Titulares como este confunden a los fieles en el preciso momento en que la claridad es necesaria

¡Cuán deseable sería que, ante la embestida internacional del “género”, la feligresía halle en su pastor el faro que le ilumine con la sana doctrina y le evite extraviarse en las brumas del engaño!

Signo de los tiempos

Lo más sorprendente del nombramiento de padre Carlos Castillo, sin embargo, no es la rapidez ni la orientación doctrinal, sino el momento histórico en que sucede.

Un análisis meramente superficial de la situación latinoamericana y mundial muestra un claro vuelco a la derecha de la opinión pública, del cual la elección del presidente Bolsonaro en Brasil es un ejemplo reciente. Aquí mismo, en el Perú, la candidata de la izquierda Verónika Mendoza obtuvo en 2016 un flojo 15,35% de votos. El paradigma del “socialismo del siglo XXI”, Venezuela, se está derrumbando, y la misma Cuba inicia la implementación de reformas con miras a la transición del postcastrismo. El socialismo proclamado por la “teología de la liberación” se ha demostrado en todos lados un rotundo fracaso. Y hoy el mismo pueblo le está dando las espaldas.

Se habla tanto de “signos de los tiempos”, o sea esas señales que indican los rumbos de la Providencia en la Historia. Me parece que, en este caso, o se están leyendo mal los “signos de los tiempos”, o se les quiere hacer frente. La Historia, sin embargo, nos muestra que no es buena estrategia ponerse en contra de ciertos vientos.

Hemos hablado de la “teología de la liberación”. ¿Qué es? ¿Qué quiere? El lector podrá encontrar una reseña en este artículo anterior, o mejor aún, conocer a fondo el tema leyendo nuestro libro.

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[1Cfr. Exhortación Apostólica Veritatis gaudium, apud José Antonio URETA, Il “cambio di paradigma” di Papa Francesco. Continuità o rottura nella missione della Chiesa? Bilancio quinquennale del suo Pontificato, Instituto Plinio Corrêa de Oliveira, Roma, 2018.

[2Cfr. Carlos CASTILLO MATTASOGLIO, Mi experiencia del laicado bajo la era Landázuri: entre testimonio e historia, “UNIFÉ” 12 (2013), pp. 113-122.

[3Cfr. Julio LOREDO DE IZCUE, Teología de la liberación, salvavidas de plomo para los pobres, Tradición y Acción por un Perú mayor, Lima, pp. 57-59.

[4CASTILLO MATTASOGLIO, op. cit., p. 116.

[5Luiz Alberto GOMES DE SOUZA, A JUC. Os estudantes católicos e a política, Vozes, Petrópolis, 1984.

[6Ver www.youtube.com/watch?v=FQ4D5_033W y “Perú21”, 3-02-2019.



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Comentarios

  • Que futuro para la iglesia del Peru? De Lima?
    La teologia de la liberacion no tiene nada de evangelico sino sus ilusiones y versiculos biblicos manipulados. Me toco participar en uno de esos talleres q daban el fds en el colegio de Jesus. Me basto con uno para sentir el peligro de traicionar a Cristo.
    Q va a ser de nosotros en un medio cada vez mas hostil en Lima? Con ideologias en los colegios de pobres y menos pobres? A q pastor fiarnos?

    Responder

  • Excelente analisis de este nombramiento, que a estas alturas, ya vislumbramos que todo lo que este articulo, presagiaba, se esta cumpliendo. Entrevistas a Caretas, atacando a movimientos catolicos, "murmurando" de su antecesor el Cardenal Cipriani, indican claramente cual sera el derrotero de nuestro nuevo arzobispo. Por supuesto que como catolicos, tenemos que orar para que deje que el Señor sea el que guie sus decisiones como Arzobispo de Lima y no los hombres que lo rodean y sabemos claramente son seguidores de esa corriente nefasta que es la Teología de la Liberación, algo que un católico, tiene que denunciar claramente. Espero sinceramente que sigan ofreciendo a sus seguidores este tipo de artículos esclarecedores, pues se necesitan voces que trasmitan la historia de la iglesia, que algunos no conocen o prefieren no recordar, y que no debe ser nuestro rol. La memoria histórica es algo que es muy importante para que todo grupo humano no repita los errores del pasado o siga los aciertos del mismo, y eso es lo que aporta este articulo, gracias.

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    • Comparto este analisis. Para muestra un boton. La marcha por la vida ha quedado como hecho historico. Este Arzobispo ni una palabra al respecto, los creyentes estamos preocupados desorientados. Que paso con esta
      Marcha que mostraba a la opinion publica que los catolicos no podemos ir contra el 5to mandamiento NO MATARAS.
      Ahora el SILENCIO de la IGLESIA es complice de los llamados caviares?
      Este Silencio ante los proyectos de ley contra la familia, contra el hombre y la mujer, contra la vida: hace poco la defensoria del pueblo peruano hacia presion a una adolescente para matar a su BB por nacer. Vizcarra apoya como politica de estado?

  • Muy buen articulo sobre el nuevo nombramiento del Arzobispo de Lima. A estas alturas, después de sus declaraciones a Caretas, donde "murmura" de movimientos católicos, de su antecesor el Cardenal Juan Luis Cipriani y plantea cosas totales contrarias a la doctrina católica, pues ya vemos por donde soplan los vientos. Por supuesto que tenemos que orar para que el nuevo arzobispo de lima se deje guiar por nuestro Señor para tomar las decisiones correctas de acuerdo a la doctrina católica y no se deje llevar por su circulo de personas que siguen aplaudiendo la Teología de la Liberación, que fue "un cáncer que infecto a la iglesia catoliza" y que ahora ha vuelto a resurgir , y con lo cual tenemos que ser muy claros. Este articulo aporta algo muy importante, la memoria histórica es algo que no podemos dejar pasar en una sociedad , para las nuevas generaciones, y así trasmitir los errores y aciertos de lo vivido, y eso es lo que aporta este articulo, sigan así muchos catoliicos necesitamos que se digan las cosas de manera clara y con la verdad.

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