POR UN PERÚ MAYOR
¿DEBEMOS CESAR LA LUCHA O RESISTIR?

Homosexualidad y opiniones pontificias

El Catolicismo no cambia de rumbo por opiniones, presiones ni modas

Las autoridades religiosas, y en primer lugar el Papa, tienen la sublime misión de custodiar la Revelación Divina y la integridad de la Fe recibida a través de la tradición. La Iglesia Católica no basa su doctrina ni sus rumbos en las ideas de las mayorías, mucho menos en sus caprichos. Tampoco en los deseos de minorías ni lobbies, como tampoco en las modas pasajeras del mundo. Ni siquiera vale, para estos efectos, la opinión personal de las autoridades eclesiásticas, aun la del mismo Papa.

Las palabras de Francisco causan conmoción internacional

De ahí que las palabras de Francisco acerca de las uniones homosexuales hayan provocado un verdadero terremoto dentro y fuera de la Iglesia. Y no es la primera vez.

¿Qué dijo el Santo Padre? No hubo declaración oficial; nada que se parezca a una enseñanza magisterial desde la Cátedra de Pedro. Fueron opiniones expresadas en la conferencia de prensa del 15 de setiembre de 2021, al terminar su visita apostólica a Eslovaquia. En síntesis: el actual Sumo Pontífice ve con benevolencia la legalización de las uniones homosexuales, aunque admite que el sacramento del “matrimonio” es únicamente para parejas heterosexuales [1].

Tales palabras confirman las incluidas en el documental “Francesco”, que tanto revuelo causaron en octubre y noviembre de 2020: “lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil; tienen derecho a estar cubiertos legalmente” [2].

Francisco recibe a dos "novias" invitadas por él. Una de ellas, que ha cambiado su nombre a Diego Niera, se ha sometido a mutilaciones quirúrgicas y recibe tratamiento hormonal para tener características masculinas.

Ambas declaraciones, sumadas a las iniciativas del Papa para entrar en contacto con homosexuales y transexuales —mediante cartas, llamadas telefónicas y audiencias— han repercutido en la prensa mundial y vienen acarreando cambios de actitud en varios obispos, sacerdotes y fieles ante los pecados tradicionalmente llamados contra la naturaleza. Lamentablemente, no existen esclarecimientos de la autoridad vaticana que despejen todas las dudas que esto suscita, tanto en materia de doctrina como de práctica pastoral.

Discordancia con los Pontífices anteriores y con la Biblia

Estamos ante una clara divergencia entre la opinión del Papa actual y la de anteriores Pontífices —Ss. Ss. Juan Pablo II y Benedicto XVI [3]—, y en oposición también a la rotunda condenación de las conductas homosexuales que se encuentra claramente tanto en el Antiguo cuanto en el Nuevo Testamento [4].

“Soy fiel al Papa pero no por encima de la Palabra de Dios” (Cardenal Müller)

Cardenal Gerhard Müller

No todos los obispos concuerdan con estas opiniones. Por ejemplo, el Cardenal Gerhard Müller, ex Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, declaró: “¿Uniones civiles? Soy fiel al Papa pero no por encima de la Palabra de Dios. (…) El Papa no está por encima de la Palabra de Dios, que creó al ser humano masculino y femenino, el matrimonio y la familia”. Y agregó el Purpurado: “Todo esto ha creado una gran confusión, he recibido cientos de llamadas, los fieles están totalmente desorientados: ¿Qué quiso decir el Papa? ¿Es posible esto? ¿Por qué no se expresa claramente?” [5].

Son opiniones privadas del Papa, que no obligan a la Iglesia (Cardenal Burke)

Cardenal Raymond Burke

En el mismo sentido se pronunció el cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, ex Prefecto de la Signatura Apostólica, residente en Roma. Dijo que “tales declaraciones generan gran desconcierto, y causan confusión y error entre los fieles católicos”. Añadió: “el contexto y la ocasión de tales declaraciones las hacen carentes de todo peso magisterial, debiéndose interpretar como simples opiniones privadas de la persona que las hizo” [6].

Los cristianos no podemos amparar el pecado (Mons. Schneider)

El destacado intelectual católico Tommaso Scandroglio, en coherencia con la moral católica de siempre, escribió que, ya que las relaciones homosexuales son moralmente censurables, se sigue que “reconocer legalmente (...) a las parejas homosexuales significa legitimar el mal, elevarlo a una institución ...” [7].

Por su parte, Mons. Athanasius Schneider, valiente obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán), explica que las leyes de convivencia civil “representan un gran escándalo, un reconocimiento público de los pecados de fornicación contra la naturaleza y una ocasión próxima y continua de pecado. Quienes abogan por las uniones civiles entre personas del mismo sexo son, por tanto, también culpables de crear una especie de estructura de pecado, en este caso de la estructura jurídica de la fornicación habitual contra la naturaleza, ya que los actos homosexuales pertenecen a los pecados que claman al cielo, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica” [8].

Mons. Athanasius Schneider

De esta manera sostiene Mons. Schneider que tal postura “pastoral” de “acogida” y “acompañamiento” no es auténtica misericordia, pues termina tranquilizando a las ovejas en su situación de pecado, en vez de conducirlas a la enmienda de vida y a la Felicidad Eterna. Y además, lleva a la sociedad a perder —aún más— el discernimiento entre lo bueno y lo malo.

¿Debemos seguir las enseñanzas de siempre, o abandonarlas?

La pregunta que se plantea para Tradición y Acción por un Perú mayor, así como para incontables católicos es: ¿cuál de las posiciones planteadas debemos seguir? ¿La del Papa Francisco, o lo que han enseñado el Antiguo y el Nuevo Testamento, y, en concordancia con ellos, el Magisterio dos veces milenario de la Iglesia?

La respuesta a esta trascendental pregunta nos la proporciona un gran santo del siglo V, Vicente de Lerins. El referido teólogo, escribió en su Commonitorium que “los católicos estamos obligados a seguir sólo lo enseñado quod semper, quod ubique, quod ab ómnibus, es decir sólo y todo cuanto fue creído siempre, por todos y en todas partes.

En conformidad con lo anterior, continuaremos defendiendo la ilicitud moral de las relaciones homosexuales y la imposibilidad de serles reconocidos “derechos” civiles, pues es lo que nos fue enseñado siempre, en todos los lugares y por todos los Papas.

Contexto soslayado: la revolución homo/transexual de la ideología de género

No se trata de problemas individuales, es una verdadera revolución homo/transexual que está subvirtiendo la moral social.

Esto cobra mayor peso considerando que las leyes aludidas no buscan simplemente solucionar problemas patrimoniales de una u otra persona. No. En nuestros tiempos existe, por primera vez en la Historia, una red internacional organizada y muy activa en favor de la homosexualidad, buscando cambiar la moral de la sociedad. Estamos ante una revolución con estrategias y recursos, con una red internacional de agentes, aliados e “inocentes útiles”, que está subvirtiendo la noción de familia y la moral de la sociedad [ver nota 3]. Las leyes de “unión civil” son el primer paso calculado para implantar el “matrimonio” homosexual y la adopción de niños por estas parejas.

¿Debemos dejar libre curso a esta revolución moral? ¿O resistirle?


Hasta hoy, las tentativas hechas en nuestra patria para legalizar tales uniones han suscitado el sano rechazo popular; tanto es así que, por más que contaron con el apoyo casi unánime de los medios de prensa y entretenimiento, el Congreso nunca se atrevió a aprobarlas.

Así, instamos a todos los peruanos de buena voluntad a seguir resistiendo enérgicamente los eventuales intentos que se hagan en ese sentido, sin claudicaciones ni componendas, aunque vengan con el triste respaldo de algunos sacerdotes, inclusive obispos.

Bajo la perspectiva de Fátima

Lo planteado toma mayor fuerza si prestamos atención a las palabras proféticas de la Santísima Virgen en Fátima. En sus apariciones de 1917, la Madre de Dios manifestó que los pecados del mundo causan graves calamidades. Dejó muy en claro que la atroz Segunda Guerra Mundial y la expansión de los errores de Rusia (el comunismo) serían permitidos por Dios como castigo por las culpas de la humanidad. ¿Qué otras tragedias atraeremos al mundo si aceptamos como normales estos pecados, clasificados por la Iglesia entre los que claman al Cielo por venganza?

Llamamiento a S. S. Francisco a retractarse

Por todo lo anterior, compartimos filialmente el apelo hecho al Papa por su hermano en el episcopado, el ya citado Mons. Athanasius Schneider:

“Santísimo Padre, por la salvación de vuestra propia alma inmortal, por el bien de las almas de todas aquellas personas que a través de vuestra aprobación de las uniones del mismo sexo están con sus actos sexuales ofendiendo gravemente a Dios y exponiendo sus almas al peligro de perderse eternamente, convertíos, retractaos de vuestra aprobación y proclamad con todos vuestros predecesores la (...) enseñanza inmutable de la Iglesia
 [9].

Eventual choque interno en la Iglesia

No queremos terminar estas líneas sin evocar a nuestro maestro, el Prof. Plinio Correa de Oliveira (1908-1995), eminente pensador católico y hombre de acción, fundador de la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP) e inspirador de entidades afines en los cinco continentes. En un libro que constituye una verdadera apología de su obra, el eminente historiador italiano Roberto De Mattei publicó la transcripción de una reunión interna de la TFP en 1994, en que el líder brasileño tomó conocimiento de un documento de la Conferencia Episcopal Norteamericana de 1976 que llamaba a la integración —con ciertos matices— de los homosexuales en la vida de la Iglesia. De comprobada perspicacia para prever los avances de las corrientes revolucionarias, realizó entonces el Prof. Correa de Oliveira esta observación:

“Se ve el inicio de un esfuerzo metódico dentro de la Iglesia, así como en los demás sectores de la sociedad, no apenas de tolerancia, mas de legitimación de la homosexualidad (…). Es un trabajo desde arriba, hecho por autoridades eclesiásticas, para hacer olvidar la doctrina católica y dar a la homosexualidad carta de ciudadanía en la Santa Iglesia de Dios.
“Habrá un determinado momento en el cual, dentro de la Iglesia Católica, habrá una manifestación de completa inconformidad contra ese trabajo de legitimación. Y tendremos entonces una división en la Iglesia (...)
“Se podría objetar: ‘Pero, si la gran mayoría de obispos llega a estar de acuerdo con eso, no habrá división’. ¡No valen grandes mayorías para cambiar la doctrina católica! Es indiscutible, y está claramente en las Escrituras, en los documentos del Magisterio de la Iglesia y en los tratados de todos los moralistas, que este es un pecado que clama al Cielo, y clama a Dios por venganza. Resultado: no puede haber entendimiento. Punto final. Las fronteras están cortadas, las barreras puestas.
“Entonces habrá un choque interno en la Iglesia, y ese choque producirá una de las mayores convulsiones de la Historia”
 [10].

Conclusión

El futuro solo Dios lo conoce con certeza. Lo que constatamos en el presente es que ya hay católicos tomando posiciones opuestas a la enseñanza moral de la Iglesia en esta materia; incluso altas autoridades. Que la Santísima Virgen y San Pedro nos den luces y fortaleza para defender sin timidez la familia natural y la Ley de Dios, sean cuales fueren los ataques que se avecinen, con la certeza de que la victoria final será de Aquella que prometió en Fátima el triunfo de su Inmaculado Corazón.



Portada del sitio Temas internacionales Revolución cultural



Mensajes

¿Un mensaje, un comentario?

moderación a priori

Este foro es moderado a priori: su contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién es usted?
Su mensaje

Para crear párrafos, deje simplemente líneas vacías.

Cerrar