POR UN PERÚ MAYOR

La trascendental consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María: Respondiendo seis objeciones

Por Luis Alberto Chávez H.

No podemos callar nuestro entusiasmo ante la histórica Consagración de Rusia, Ucrania, la Iglesia y toda la humanidad al Inmaculado Corazón de María, realizada por el Papa Francisco el 25 de marzo de este conturbado 2022. Como difusores del Mensaje de Fátima, los miembros de Tradición y Acción por un Perú mayor anhelaban el cumplimiento cabal del acto pedido desde el Cielo hace ya nueve décadas.

Esta entrega fue establecida por Dios como paso previo para conceder gracias extraordinarias que llevarán a la conversión de aquel inmenso país. A su vez, una Rusia convertida podrá influir en la historia de la humanidad de maneras imprevisibles.

Han circulado en algunos ambientes católicos diversos reparos a la consagración hecha por el Santo Padre. En este artículo, nos proponemos contestarlos del modo más sucinto posible. Específicamente, nos ocuparemos de las objeciones que le atribuyen los siguientes defectos:
1) Es intrascendente, pues Rusia ya está convertida; es Occidente el que necesita una conversión.
2) Es inútil por ser tardía; debió hacerse 90 años atrás. Ya el comunismo se esparció y causó un daño irreparable.
3) Es nula, porque se debió consagrar a Rusia sola.
4) Fue incompleta, porque el Papa no ordenó a todos los obispos del mundo que se unan al acto.
5) Era innecesaria, pues ya había sido hecha por San Juan Pablo II hace cuarenta años.
6) Fue un acto satánico porque, disimuladamente, Francisco ha hecho una consagración a la Mama Pacha, deidad pagana.

¿Por qué consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María?

Antes que nada, explicaremos por qué había que consagrar Rusia al Inmaculado Corazón, pues los antecedentes no son conocidos por la mayoría de católicos.

Cuando la Virgen María apareció en Fátima, Portugal, a tres pastorcitos, vino a apelar a las conciencias de sus hijos mostrándoles que Dios está siendo muy ofendido; que el mundo necesita arrepentirse de sus pecados y enmendarse, haciendo reparación. Anunció terribles catástrofes que castigarían a la humanidad, y que Ella, maternalmente, deseaba que se eviten mediante la oración, la penitencia y una profunda conversión.

Al revelar el llamado “Secreto de Fátima” el 13 de junio de 1917, luego de mostrar a los niños una espantosa visión, la Reina de los Profetas les dijo:
“Visteis el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que Yo os diga, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del ham­bre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.
“Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón
y la Comu­nión Reparadora de los primeros sábados. Si atienden mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia; los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán ani­quiladas; por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz”
 [1].

El 13 de junio de 1929, la Hna. Lucía tuvo una maravillosa visión en que la Virgen le comunicó: “Ha llegado el momento en que Dios pide que el Santo Padre haga en unión con todos los obispos del mundo la consagración de Rusia a mi Inmaculado Cora­zón; promete salvarla por este medio” [2].

De estas revelaciones y del epistolario de Sor Lucía se desprende que:
—se debía consagrar explícitamente a Rusia;
—la consagración debía hacerse específicamente al Inmaculado Corazón de María;
—debía hacerla el Papa en unión con todos los obispos del mundo.

Dejando en claro que se trataba un pedido de origen divino, procederemos ahora a contestar las objeciones, y al hacerlo aparecerán datos complementarios que ayudan a entender mejor la profunda importancia de esta entrega.

Objeción #1: Esta consagración es intrascendente pues Rusia ya está convertida; es Occidente el que necesita convertirse.

Respondemos: En primer lugar, ninguna consagración es intrascendente, pues da gloria a Dios y es motivo de gracias especiales para los consagrados.

De otro lado, un católico que tome en serio a la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo no puede considerar “convertido” a un país en que el Catolicismo es minoritario. Allí, la mayoría de cristianos se consideran parte de la autodenominada Iglesia Ortodoxa, que se separó de Roma hace ya un milenio, por no reconocer la autoridad del Papa sobre la Iglesia universal. En las leyes rusas, la “ortodoxia” ha sido declarada la religión tradicional del país, junto con el islam, el budismo y el judaísmo; además está muy extendido el chamanismo. La Iglesia Católica encuentra muchos obstáculos en las autoridades civiles y eclesiásticas.

En cuanto a moral de la sociedad, en algunos aspectos no ha decaído tanto como Occidente, pero en otros sí. Por ejemplo, en 2010 Rusia ocupaba un macabro segundo puesto en cantidad de abortos intencionales por año (1’200,000, solo superada por China). Por consideraciones utilitarias relativas a la disminución de la población, el gobierno central impuso algunas restricciones al aborto e implementó consejerías, y ahora se calcula que los rusos “solamente” matan, por año, a unos 600,000 de sus bebés antes de nacer. Se encuentran también muy extendidos el alcoholismo y la prostitución. En suma: nos parece superficial decir que Rusia ya está convertida, y que lo ha conseguido sin necesidad de ser consagrada al Corazón de María, requisito que, como veremos al responder la objeción #2, es indispensable.

Respecto a la necesidad de que Occidente se arrepienta y rectifique, es algo que se percibe claramente en el Mensaje de Fátima. Si bien la Reina del Mundo no hizo distinción explícita entre continentes ni hemisferios, Ella se apareció precisamente en Europa y nos habló de la gravedad de los pecados del mundo, que claman a Dios por reparación y justicia. Harán falta mucha oración y penitencia para lograr la enmienda, y así evitar más castigos de los que ya vinieron.

Objeción #2: Esta consagración ha sido inútil por ser tardía.

Respondemos: Ha sido muy tardía, pero ciertamente será fructífera.

Unos años después del pedido inicial, Nuestro Señor Jesucristo se quejó a Lucía de que la consagración de Rusia no había sido hecha. Así lo relató ella en misiva a su confesor, el jesuita José Bernardo Gonçalves: “No quisieron atender mi súplica. Como el rey de Francia se arrepentirán y la harán después. Pero será tarde. Rusia habrá extendido ya sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia; el Santo Padre tendrá mu­cho que sufrir [3].

Aquí el Rey de reyes aludía a la promesa que Él mismo hizo al monarca francés por medio de santa Margarita María Alacoque: Darle la vida de la gracia y la Gloria eterna, así como la victoria sobre todos sus enemigos y los de la Iglesia, si se consagrase al Sagrado Corazón y lo hiciese reinar en su palacio, pintar en sus estan­dartes y grabar en sus armas [4]. Era rey entonces Luis XIV. Recién un siglo después, ya derrotado por sus enemigos y preso, Luis XVI decidió atender el pedido hecho a su antepasado. Sin embargo, era tarde: Fue condenado a muerte por la impía Revolución y solo salió para ser guillotinado.

En el caso que nos ocupa, también ha pasado casi un siglo. Si la consagración hubiese sido hecha cuando fue pedida, es decir en 1929, aquella inmensa nación se habría convertido, dejando de inocular errores en los espíritus y propagarlos por el planeta. Se hubieran evitado guerras, guerrillas y persecuciones, opresión y miseria. El comunismo habría perdido impulso en el mundo y presumiblemente no hubiéramos sufrido a Sendero Luminoso ni el MRTA, movimientos que bañaron en sangre a nuestro país. No hubieran perecido prematuramente las más de 100 millones de víctimas que la secta roja mató en el mundo. Trágicamente, ya no podemos volver atrás.

Siendo así, ¿por qué afirmamos que esta consagración será provechosa? Nos basamos en una carta de 1936 en la que Lucía relató a su confesor lo que el mismo Jesucristo le había dicho: “Ora mucho por el Santo Padre. Él la hará, pero será tarde. Sin embargo, el Corazón Inmaculado de María ha de salvar a Rusia. Le está confiada [5]. Es decir, Rusia aún necesita ser salvada por el Corazón de la Virgen, y eso se conseguirá mediante la consagración.

Esto último concuerda con las palabras de la Madre de Dios al final de la parte citada del Secreto: “por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz”. Es decir, no se dará esa conversión antes que la consagración. Es designio divino.

¿Por qué? Nuestro Señor se lo reveló a Lucía, según consta en la misma carta: “Interiormente he hablado al Señor de este asunto. Y hace poco le preguntaba por qué no con­vertía a Rusia sin que Su Santidad hiciese esta consagración: ‘Porque quiero que toda mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para después ex­tender su culto y poner, al lado de la devoción a mi Corazón divino, la devoción de este Corazón Inmaculado’” [6]. Esos son los designios de la infinita Sabiduría del Altísimo, que debemos amar sabiendo que son justos y admirables, aunque muchas veces nuestra limitada inteligencia no alcance a comprenderlos.

De manera que el acto consagratorio es un paso indispensable para que se dé un cambio histórico en dicha gran nación, que beneficiará a todos aquellos susceptibles de ser influenciados por ella. No resistimos citar aquí las siguientes palabras escritas por el célebre abad benedictino Dom Alphonse Guépin (+1917), que parecen inspiradas por el Espíritu Santo:

“Que Rusia se torne católica determinaría el fin del islamismo y el triunfo definitivo de la Cruz sobre el Bósforo, sin ningún peligro para Europa; el Imperio cristiano en Oriente restaurado con una gloria y un poder hasta ahora desconocidos; Asia evangelizada no por algunos pobres sacerdotes aislados, sino con la ayuda de una autoridad mayor que la de Carlomagno; y, finalmente, la raza eslava reconciliada en unidad de fe y de aspiraciones para su mayor gloria. Esta transformación será el mayor acontecimiento del siglo que verá su cumplimiento; cambiará la faz del mundo” [7].

Dios quiera que así sea.

Objeción #3: Esta consagración es nula, porque se debió consagrar solo a Rusia.

Respondemos: En medio del ataque ruso a Ucrania, los obispos ucranianos de rito latino suplicaron al Papa Francisco que consagre ambos países al Inmaculado Corazón. El Papa decidió atenderlos, agregando además a “nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera”. Al hacer esto, ¿la habrá invalidado?

No lo creemos. Existe una carta de Lucía al propio Papa Pío XII, en 1940, en la cual habla de consagrar el mundo entero nombrando especialmente a Rusia: “En varias comunicaciones interiores, Nuestro Señor no ha dejado de insistir en esta petición, prometiendo últimamente que, si Su Santidad se digna consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María con especial mención de Rusia, y ordenar que, en unión con Su Santidad y al mismo tiem­po lo hagan también todos los obispos del mundo, abreviará los días de tribulación con que ha de­terminado castigar a las naciones por sus crímenes con la guerra, el hambre y varias persecucio­nes a la Santa Iglesia y a Su Santidad” [8].

Habiéndose mencionado explícitamente a Rusia, no hay motivo para considerar inválida la consagración por hacer las añadiduras que señalamos. La consagración sólo puede ser motivo de gracias y dones para los consagrados [9].

Objeción #4: Fue incompleta, porque el Papa no ordenó a todos los obispos del mundo que se unan.

Respondemos: S. S. Francisco invitó oficialmente a todos los obispos del mundo a unirse al acto consagratorio, desde sus respectivos lugares. Es verdad que no les dio una orden formal. En situaciones normales, bastaría una invitación para que todos cumplieran la voluntad del Papa con devoción y entusiasmo. De hecho, hay noticias de una gran cantidad de obispos que así lo han hecho; incluso conferencias episcopales enteras.

Pese a ello, no podemos cegarnos ante la realidad: hay una tal crisis en la Iglesia que es de temerse que algunos no hayan deseado participar. No obstante esto, podemos presumir que participaron todos los prelados que tienen fe y amor de Dios, cuyas almas estaban abiertas para hacerlo. Los demás, en general, no lo habrían hecho aunque hubieran recibido una orden formal.

La indiferencia y hasta el rechazo de varios obispos al pedido de María Santísima, ¿impedirá la conversión de Rusia? No lo creemos, pues el punto central es obviamente el acto del Papa. Dios sabe que, tristemente, hay obispos que han dejado de lado el amor y la doctrina verdadera, por tanto Él mismo no puede esperar la participación de todos ellos.

Sin embargo, nos permitimos formular la siguiente hipótesis: Los obispos omisos tendrán parte de la responsabilidad en que los frutos sean menores, es decir, que aquella nación reciba gracias de menor magnitud, redundando en que dicha conversión abarque a menos personas, o tal vez no alcance al grado de perfección al que podría llegar si todos hubieran participado. Gran responsabilidad ante Dios. Pese a ello, estamos convencidos de que esta consagración es suficiente para que se haya iniciado la efusión de gracias que llevarán a la tan anhelada conversión rusa.

Objeción #5: La consagración era innecesaria, pues ya había sido hecha por San Juan Pablo II hace cuatro décadas.

Respondemos: Sobre este punto hay un viejo debate. Para entender su origen, recorramos, a vuelo de pájaro, los actos papales previos que podrían ser considerados como cumplimiento al pedido de Fátima.

En 1942, en un mensaje radial a Portugal clausurando el año jubilar de las apariciones, S. S. Pío XII consagró la Iglesia y el género humano al Inmaculado Corazón de María, mediante una bella y conmovedora oración [10]. Podríamos pensar que así ya quedaba cumplido el pedido celestial, pues Rusia es obviamente parte del género humano. Sin embargo, no se la mencionó explícitamente ni fueron convocados los obispos del mundo a unirse, además de que podría discutirse si el mensaje radial constituyó un acto solemne.

La Hna. Lucía explicó en carta del 4 de mayo de 1943 al ya mencionado P. Gonçalves, que Nuestro Señor “promete el próximo fin de la gue­rra, en atención al acto que se dignó hacer Su Santidad. Pero como fue incompleto, queda la conversión de Rusia para más adelante”  [11].

En 1952, por medio de la Carta Apostólica Sacro Vergente Anno, el mismo Pío XII consagró los pueblos de Rusia al Inmaculado Corazón de María [12]. Una vez más, no fueron conclamados los obispos del mundo.

Al clausurar la III Sesión del Concilio Vaticano II, en 1964, el Papa Pablo VI “confió el género humano” al Inmaculado Corazón de María [13].

S. S. Juan Pablo II hizo tres consagraciones del mundo al Inmaculado Corazón de María: una en Fáti­ma, el 13 de mayo de 1982 [14], las otras en Roma en 1983 [15] y 1984 [16]. Dos de ellas fueron solemnes y precedidas de un pedido a los obispos para que se unieran al Pontífice, pero en ninguna se mencionó explícitamente Rusia. En las tres ocasiones, luego de confiar y consagrar al Inmaculado Corazón “este nuestro mundo humano”, el Papa Peregrino pronunció estas palabras: “De modo especial os entregamos y consagramos aquellos hombres y aquellas naciones que de esta entrega y de esta consagración tienen particular necesidad”.

Y aquí viene el punto de debate. Algunos piensan que la alusión indirecta a Rusia fue suficiente para Dios. Otros piensan que era indispensable mencionarla. La Hna. Lucía sostuvo inicialmente que había sido insuficiente [17]. No obstante, hay datos de que, después de la caída del Muro de Berlín y en medio de los impresionantes cambios en el mundo comunista, ella empezó a defender la otra posición. El ahora cardenal Tarcisio Bertone aseguró que eso le fue confirmado a la Hna. Lucía mediante un mensaje celestial, aunque no se ha dado a conocer su fecha y contenido preciso. No falta quien levante la hipótesis de que Dios acogió la consagración “de buen grado” (palabras éstas de Mons. Bertone [18]), pero de una manera análoga a la primera hecha por Pío XII, es decir, considerándola aún incompleta. La dificultad de entrevistar a Lucía impidió que se pueda esclarecer esto antes de su fallecimiento.

La presteza con que el Papa Francisco acogió el pedido de los obispos ucranianos puede ser indicio de que él, tal vez, intuía o sabía que algo faltaba para cumplir cabalmente con el pedido de María Santísima.

Objeción #6: Fue un acto satánico porque, disimuladamente, Francisco ha hecho una consagración a la Mama Pacha, deidad pagana.

Respondemos: Ha llamado la atención en el texto italiano que el Papa usó, así como en la mayoría de las traducciones oficiales, la invocación a María como “Tierra del Cielo”. Muchos han discutido qué puede significar. Ha circulado una interpretación que la identifica con el wenumapu, la “tierra de arriba” que para la religión mapuche es el firmamento y la residencia de los dioses, adonde van también los antepasados que han cumplido con su destino. Concluyen, entonces, que la consagración ha sido hecha a la Pachamama, la Madre Tierra de la mitología quechua.

Los que han concebido esa objeción dan un salto sobre las reglas de la lógica, haciendo lo que en nuestro país, coloquialmente, se llama “mezclar papas con camotes”. Obviamente, no es lo mismo el cielo que la tierra.

Antes de precipitarnos en la exégesis de que, entonces, Francisco nos habría consagrado a los falsos dioses del “cielo” mapuche, veamos si llamar a María “Tierra del Cielo” puede tener un sentido legítimo.

Sinceramente, el autor de esta líneas también quedó desconcertado con la expresión, sin lograr descifrarla. Días después, un alto funcionario de las comunicaciones de la Santa Sede, Andrea Tornielli, publicó la siguiente explicación en varios órganos vaticanos: se trataría de una expresión tomada de un himno eslavo —ya que las dos naciones especialmente consagradas son eslavas— “y significa poéticamente la unión del cielo y la tierra que podemos contemplar en María asunta al Cielo con su cuerpo” [19]. Hubiera sido conveniente que el Sr. Tornielli citara el aludido himno. Ante esa carencia, intentamos indagar y nos deparamos con las explicaciones de Mons. Athanasius Schneider, obispo en Kazajistán, quien cita antiguas metáforas sacras que dejan claro que esta expresión puede usarse válidamente [20]. Por ejemplo:
—San Pedro Damián, en un himno en honor a la Santísima Virgen, la alaba diciendo: “Es et terra cœlestis”: “y eres tierra celestial.
—San Juan Crisóstomo escribió: “La palabra Edén significa tierra virgen. Así era aquella región en la que Dios plantó el paraíso. (...) Ahora bien, esta (tierra) virgen es una figura de la Virgen María. Pues así como de aquella tierra, sin haber recibido ninguna semilla, floreció para nosotros el paraíso; así también María, sin haber concebido de hombre, hizo brotar para nosotros a Cristo”.
—San Juan Damasceno comentó sobre la entrada de la Madre de Dios al Cielo: “Las puertas del paraíso se abren y reciben la tierra portadora de Dios, en la que se originó Cristo, el árbol de la vida eterna”.

Menciona también el ilustre Prelado algunas frases de la liturgia bizantina católica:
—Pone en boca de María la frase: “Yo soy la tierra virgen” (Octóikos, voz 8, domingo, himno 6).
—En otro lugar la alaba como “Tierra bendita, bendita Novia de Dios, tierra virgen y salvadora del mundo” (Canon para la Santa Comunión, Oda 1, Theotókos).

En vista de estos esclarecedores ejemplos, consideramos impertinente atribuir a esta consagración un perverso carácter sacrílego.

Conclusión

Así, no vemos otra conclusión posible que alegrarnos por la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María y esperar que las gracias se derramen sobre aquella nación como semillas que irán germinando, y flores que brotarán y florecerán para gloria de Dios y la civilización cristiana.

Lo que nos toca a nosotros

Sin embargo, aún falta difundir a gran escala la Comunión Reparadora de los primeros sábados, así como otros factores necesarios para la restauración del mundo conforme al Mensaje de Fátima: la oración y la penitencia, para conversión de los pecadores y desagravio a nuestro Creador. Esto nos toca a todos nosotros.



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