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LA GUARDIA SUIZA PONTIFICIA

"Una verdadera misión al servicio de Cristo y de su Iglesia" (Benedicto XVI)

Martes 25 de mayo de 2021

Descansemos el espíritu de las perturbadoras realidades que nos envuelven, contemplando una institución que es fruto de la civilización cristiana: la Guardia Suiza Pontificia. Presentamos una breve colección de palabras dirigidas a ella por el Papa Benedicto XVI en diversas ocasiones.

A distancia de cinco siglos, ha permanecido inalterado el espíritu de fe que impulsa a jóvenes suizos a dejar su hermosa tierra para venir a prestar servicio al Papa en el Vaticano.

También sigue inalterado el amor a la Iglesia católica, que testimoniáis, más que con palabras, con vuestras personas, que, gracias al uniforme característico, son fácilmente reconocibles en las puertas de ingreso al Vaticano y en las audiencias pontificias. Vuestros históricos uniformes hablan a peregrinos y turistas de todas las partes del mundo de algo que no cambia, a pesar de todo, es decir, de vuestro compromiso de servir a Dios sirviendo al "siervo de sus siervos".

Juramento de fidelidad de un nuevo recluta (Foto: Vatican News)
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Todo comenzó el 22 de enero de 1506, cuando llegó al Vaticano una tropa de 150 hombres solicitada por mi predecesor Julio II a la Confederación de la Alta Alemania. Desde aquel día hasta nuestros tiempos, la historia de vuestro Cuerpo de guardia está íntimamente entrelazada con los acontecimientos y la vida de la Iglesia y, en particular, del Papa. Es una larga historia de fidelidad y de generoso servicio prestado siempre con entrega, que a veces ha llegado hasta el heroísmo del sacrificio de la vida. Vuestra apreciada entrega ha merecido justamente la estima y la confianza de todos los Pontífices, que en vuestro Cuerpo de guardia han encontrado siempre ayuda, apoyo y protección. Gracias, queridos amigos, por vuestra silenciosa pero eficiente presencia al lado de la persona del Papa; gracias por la profesionalidad y también por el amor con que cumplís vuestra misión. Sí, vuestro servicio no es solamente una prestación profesional; también es una verdadera misión al servicio de Cristo y de su Iglesia.

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Las funciones que cumple la Guardia Suiza constituyen un servicio directo al Sumo Pontífice y a la Sede Apostólica. Por ello es motivo de vivo aprecio el hecho de que haya jóvenes que elijan consagrar algunos años de su existencia en total disponibilidad al Sucesor de Pedro y a sus colaboradores. Vuestro trabajo se sitúa en el surco de una indiscutida fidelidad al Papa, que fue heroica en el «Saqueo de Roma» en 1527, cuando, el 6 de mayo, vuestros predecesores sacrificaron su vida. El peculiar servicio de la Guardia Suiza no podía entonces ni puede tampoco hoy llevarse a cabo sin aquellas características que distinguen a cada miembro del cuerpo: solidez en la fe católica, fidelidad y amor hacia la Iglesia de Jesucristo, diligencia y perseverancia en las pequeñas y grandes tareas cotidianas, valentía y humildad, altruismo y disponibilidad. De estas virtudes debe estar lleno vuestro corazón cuando prestáis el servicio de honor y de seguridad en el Vaticano.

Foto: Bohumil Petrik/CNA
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En el nuevo Reglamento de la Guardia suiza pontificia, que aprobé el año pasado [2006] con ocasión del V centenario de su fundación, se afirma que "los guardias suizos deben mostrarse como buenos cristianos y soldados ejemplares en todas las circunstancias" (art. 73); y también que "deben evitar lo que se opone a la fe, a la moral cristiana y a los deberes de su estado. Además, deben ser siempre fieles a las características y a las tradiciones del Cuerpo, con un estilo de vida sencillo y sobrio" (art. 75). Asimismo, se añade: "Para formar una verdadera comunidad, deben cultivar a nivel personal y tener unos con otros un espíritu de solidaridad cristiana, que sirve para conservar y promover la unión mutua de los corazones" (art. 77).

Como se puede ver fácilmente, se trata de indicaciones muy precisas y concretas con vistas a cumplir el designio que Dios tiene sobre cada uno de vosotros, al llamaros a servirlo en una Institución tan benemérita. En definitiva, el Señor os llama a la santidad, es decir, a ser sus discípulos, siempre dispuestos a escuchar su voz, a cumplir su voluntad y a realizarla en el cumplimiento diario de vuestros deberes.


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